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Nada en el diseño de una silla, nos dice sobre las herramientas con las que fue construida. Estas, en función de los resultados, son intangibles en el objeto, son nobles, humildes. Podemos asegurar, conociendo estilos, vanguardias, escuelas y materiales, que Michael Thonet nunca hubiera diseñado la silla nro. 7, de Arne Jacobsen de 1958. Como tampoco este último, hubiera diseñado la silla nro. 14, de Thonet de 1859. Pero de las herramientas con las que fueron creadas ambas, nada podríamos decir. En la innecesidad de protagonismo radica la humildad de las herramientas.
Pero si hablamos de instrumento, sinónimo de herramienta, pero en su acepción musical, la idea sería otra. Estos son tangibles en la pieza final, y se podría hablar tanto de los músicos, del género musical como de los instrumentos empleados. En tal sentido podríamos decir que a la versión de “Jinble Bells” de Count Basie (1961), le sobraría la guitarra de la versión de Brian Setzer (1997), así como la versión de Setzer no sería la misma con las trompetas de la orquesta de Basie. Aquí, más allá de la diferencia en los géneros musicales (jazz y blues), se vuelve fundamental y diferenciadora la vanidad de los instrumentos.
Pensando en el resultado final de cada proceso, herramienta e instrumento, son sinónimos que cumplen una función de conceptos antagónico. Las herramientas son el nexo entre el diseñador y el objeto tangible, y los instrumentos los son entre el músico y la pieza musical, pero ambos cumplen su rol de formas disímiles. Las herramientas, desaparecen, hasta en su tacitud, en tanto se termine la construcción del objeto. Y los instrumentos, son elementales en la composición y justificarán con presencia perpetua la pieza musical terminada.
En estos procesos de creación, los roles de cada elemento son necesarios e inevitables. La razón de ser de cada uno vuelve humilde a las herramientas y vanidoso a los instrumentos. Pero en un proceso donde el diseño y la comunicación son los extremos, ¿Como debiera cumplir su función de nexo el Diseñador?. Puedo pretender que un formón modele la trabazón de una silla, pero no que sea un accesorio de ésta. O pretender de un violín la interpretación de una partitura, no que la escriba o componga. ¿Pero qué podemos pretender de un Diseñador, si el objeto de creación es un mensaje?. ¿Pretenderíamos que lo construya o lo conduzca?.
El fin perseguido por el Diseñador plantea la diferencia, en la intención de diseñar Comunicación o comunicar Diseño. Cuando se busca diseñar Comunicación, se pretende proyectar un mensaje. Aquí el Diseño se vuelve proyecto, y el Diseñador una herramienta de éste. Porque aquí, el Diseño se reconoce como una de las vías para acercar un mensaje, y el Diseñador un constructor de esta vía. Pero comunicar Diseño, implica revertir las cosas. Aquí el Diseño antepone su protagonismo, y la Comunicación se vuelve casi una excusa para la vanidad del Diseñador. Porque el mensaje dependerá de las características protagónicas del Diseño, y el Diseñador dejará de ser sólo un constructor, para convertirse también en canal del mensaje, con pretensiones de emisor.
Esto sólo pretende exponer dos caminos, y cuándo tomar uno y cuándo otro. No hay pretensiones de estar en contra del Diseño de Autor por ejemplo, bienvenido sea éste. Sino, simplemente hacer pié en una conciencia de decisión, en función de las necesidades y prioridades de un mensaje.
Publicado en: Por Alejandro David Benitez en adbdesign.wordpress.com Difunde este artículo en Twitter y/o deja un comentario debajo con tu opinión.
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