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| El encanto de arriesgar la reputación |
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La responsabilidad social en las comunicaciones tiene una historia. En los primeros tiempos para satisfacer necesidades para las empresas era suficiente con producir bienes. Luego, cuando la oferta fue inferior a la demanda triunfaron los modelos Taylorianos. Hasta ese momento no había ecología ni otro concepto más allá de que el bien estuviese disponible, ya sea alimento, ya sea movilidad, etc. Pero cuando la oferta comenzó igualarse a la demanda, porque muchos ya sabían producir bienes, triunfó aquella empresa que fue capaz de organizarse para vender muy bien esos bienes que producía; en ese contexto la orientación fue hacia las ventas, hasta el punto en el que todos supieron vender muy bien lo que producían. Pero cuando la oferta superó a la demanda la organización necesitó comenzar no sólo a saber vender lo que producía, sino a saber qué producir; orientándose primero al consumidor y al mercado para luego incorporar un producto. Hoy ya eso no alcanza, porque el consumidor se transformó en prosumer, interviniendo en la demanda y ofertas potenciales. En este sentido, como valor diferencial, cualquier compañía necesita demostrar que es socialmente responsable y que promueve valores ético y morales a todos sus públicos. La publicidad, una de las herramientas que tienen las marcas para exhibirse públicamente, expresa no sólo las características del producto o servicio de la compañía, sino también los valores que ésta adhiere para su relación social. Sigue... El artículo completo se encuentra en Revista DIRCOM N° 85. Dos opciones para adquirir este artículo:
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Últimamentelas empresas están arriesgando innecesariamente su reputación al dejar la imagen corporativa o de producto en manos de los creativos publicitarios. Por falta de reflexión sobre el impacto o por anuencia en la forma en que se presenta publicitariamente ante los públicos objetivos una marca o producto, algunas empresas crean crisis innecesarias.






